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nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XVI

En una mañana de mayo perfumada de tomillo y nidos de aves, entre dos y tres años después del regreso de Trantridge⁠—años silenciosos y reconstructivos para Tess Durbeyfield⁠—, abandonó su hogar por segunda vez.

Habiendo hecho su equipaje para que se lo enviaran más tarde, emprendió el viaje en un carro de alquiler hacia la pequeña ciudad de Stourcastle, por la que era necesario pasar en su trayecto, ahora en una dirección casi opuesta a la de su primera llegada.

En la curva de la colina más cercana miró hacia atrás con nostalgia a Marlott y a la casa de su padre, a pesar de haber estado tan ansiosa por marchar.

Sus parientes que allí habitaban probablemente continuarían con su vida cotidiana como hasta entonces, sin una gran mengua de placer en su conciencia, aunque ella estuviera muy lejos y ellos privados de su sonrisa.

En pocos días los niños se entregarían a sus juegos tan alegremente como siempre, sin la sensación de ningún vacío dejado por su marcha. Había decidido que este abandono de los niños más pequeños era lo mejor; si se quedaba, probablemente obtendrían menos provecho de sus preceptos que daño de su ejemplo.

Atravesó Stourcastle sin detenerse y siguió hasta un cruce de caminos, donde podía esperar el carro de un transportista que iba hacia el suroeste; pues los ferrocarriles que ceñían esta región interior del país jamás la habían atravesado. Mientras esperaba, sin embargo, apareció un granjero en su carro de ballestas, que conducía aproximadamente en la dirección que ella deseaba

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