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nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XXXVII

En verdad, esa mañana se había despertado de un sueño profundo como la aniquilación; y durante esos primeros momentos en los que el cerebro, como un Sansón sacudiéndose, pone a prueba sus fuerzas, tuvo alguna vaga noción de un inusual procedimiento nocturno. Pero las realidades de su situación desplazaron pronto las conjeturas sobre el otro asunto.

Esperaba expectante para discernir alguna orientación mental; sabía que si alguna intención suya, decidida durante la noche, no se desvanecía a la luz de la mañana, se asentaba sobre una base próxima a la de la pura razón, aun habiendo sido iniciada por un impulso sentimental; que, por lo tanto, en la medida de lo en que eso era así, se podía confiar en ella.

Contempló así a la pálida luz de la mañana la resolución de separarse de ella; no como un instinto caluroso e indignado, sino despojada de la pasionalidad que la había hecho abrasar y arder; erguida sobre sus propios huesos; nada más que un esqueleto, pero no por ello menos presente.

Clare ya no dudó.

En el desayuno, y mientras empaquetaban los pocos objetos que quedaban, él mostró un cansancio tan evidente debido al esfuerzo de la noche que Tess estuvo a punto de revelarle todo lo que había sucedido; pero la reflexión de que aquello le enfocaría, le afligiría y le dejaría en ridículo al saber que había manifestado instintivamente por ella un afecto que su sentido común no aprobaba, de que su inclinación había comprometido su dignidad cuando la razón dormía, volvió a disuadirla. Era demasiado parecido a reírse de un hombre, en estado sobrio, por sus actos erráticos durante la embriaguez.

Se le cruzó también por la cabeza que él pudiera conservar un vago recuerdo de su tierno capricho, y que se mostrara reacio a aludir a él por la convicción de que ella aprovecharía amatoriosamente la oportunidad que se le brindaba para suplicarle de nuevo que no se fuera.

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