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nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XXIV

En medio de la grasa exudante y los cálidos fermentos del valle de Froom, en una estación en la que casi podía escucharse el fluir de los jugos por debajo del silbido de la fecundación, era imposible que el amor más fantasioso no se volviera apasionado. Los pechos dispuestos que allí habitaban quedaban impregnados por su entorno.

Julio pasó por encima de sus cabezas, y la atmósfera termidoriana que trajo a remolque pareció un esfuerzo por parte de la Naturaleza para igualar el estado de los corazones en la vaquería de Talbothays.

El aire del lugar, tan fresco en primavera y a principios de verano, era estancado y enervante ahora. Sus pesados aromas pesaban sobre ellos, y al mediodía el paisaje parecía yacer en un desmayo.

Abrasadores ardores etíopes tostaban las laderas superiores de los pastizales, pero todavía había hierba de un verde brillante aquí, donde los cursos de agua murmuraban. Y así como Clare se sentía abrumado por los calores externos, también se hallaba agobiado interiormente por el creciente fervor de su pasión por la suave y silenciosa Tess.

Pasadas las lluvias, las tierras altas estaban secas. Las ruedas del carruaje de ballestas del lechero, mientras regresaba a toda velocidad del mercado, lamían la superficie pulverizada de la carretera, seguidas de unas cintas blancas de polvo, como si hubieran prendido fuego a una fina línea de pólvora. * Las vacas saltaban locamente por la tranca de cinco barras del corral, enloquecidas por el tábano; * El lechero Crick llevaba las mangas de la camisa permanentemente remangadas de lunes

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