venir a mí ahora, en este mismo instante, antes de que suceda algo terrible? ¡Oh, sé que no puedes, porque estás muy lejos! Creo que he de morir si no vienes pronto, o si no me dices que vaya contigo. El castigo que me has impuesto es merecido—sí que lo sé—bien merecido—y haces bien en estar enojado conmigo, con toda justicia. Pero, Angel, por favor, te lo suplico, no seas justo—sé solo un poquito bondadoso conmigo, aunque no lo merezca, ¡y ven a mí! ¡Si vinieras, podría morir en tus brazos! ¡Estaría más que contenta de hacerlo con tal de que me hubieras perdonado! > > Angel, vivo enteramente para ti. Te amo demasiado como para culparte por haberte ido, y sé que era necesario que encontraras una granja. No pienses que voy a decir una sola palabra hiriente o amarga. Tan solo vuelve a mí. Estoy desolada sin ti, cariño mío, ¡oh, tan desolada! No me importa tener que trabajar: pero si me envías unas pocas líneas y me dices: «Pronto iré», seguiré aguantando, Angel—¡oh, con cuánta alegría! > > Ha sido tan profundamente mi religión desde que nos casamos ser fiel a ti en cada pensamiento y mirada, que incluso cuando un hombre me dice un cumplido antes de que me dé cuenta, me parece que te estoy ofendiendo. ¿No has sentido ni un poquito de lo que solías sentir cuando estábamos en la lechería? Si lo has hecho, ¿cómo puedes alejar tú de mí? Soy la misma mujer, Angel, de la que te enamoraste; sí, ¡exactamente la misma!—no aquella a la que aborreciste sin llegar a ver. ¿Qué significaba el pasado para mí en cuanto te conocí? Era algo totalmente muerto. Me convertí en otra mujer, llena de una vida nueva que venía de ti. ¿Cómo iba a ser la
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