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nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XVI

Y así su ánimo, su gratitud y sus esperanzas fueron en aumento. Probó con varias baladas, pero las encontró inadecuadas; hasta que, recordando el salterio sobre el que sus ojos se habían posado tantas veces en domingo por la mañana antes de haber comido del árbol de la ciencia, entonó:

Oh, sol y luna... Oh, estrellas... Oh, cosas verdes sobre la tierra... Oh, aves del cielo... Bestias y ganados... Hijos de los hombres... bendecid al Señor, alabadle y enaltecedle por los siglos de los siglos!

Se detuvo de repente y murmuró:

“Pero tal vez aún no conozco bien al Señor”.

Y probablemente aquella rapsodia casi inconsciente era una manifestación fetichista en un marco monoteísta; las mujeres cuyos principales compañeros son las formas y las fuerzas de la naturaleza exterior conservan en sus almas mucho más de la fantasía pagana de sus remotos antepasados que de la religión sistematizada enseñada a su raza en una época posterior.

Sin embargo, Tess encontró una expresión al menos aproximada para sus sentimientos en el viejo Benedicite que balbuceaba desde la infancia; y eso bastaba.

Tan alta satisfacción ante una ejecución inicial tan leve como la de haber emprendido el camino hacia un medio de vida independiente era parte del temperamento de los Durbeyfield. Tess deseaba de verdad conducirse con rectitud, mientras que su padre no hacía nada por el estilo; pero se parecía a él en conformarse con logros inmediatos y pequeños, y en no tener disposición para el esfuerzo laborioso en pos de ese insignificante ascenso social que únicamente podía llevar a cabo una familia tan gravemente desfavorecida como lo eran ahora los otrora poderosos d'Urberville.

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