turbado. > «No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo», dijo el Nazareno. Clare secundó las palabras con cordialidad; pero su corazón seguía turbado a pesar de todo. ¡Cómo le habría gustado enfrentarse a aquellos dos grandes pensadores, y apelar fervientemente a ellos como un semejante a otros semejantes, y pedirles que le revelaran
Su estado de ánimo se metamorfoseó en una obstinada indiferencia hasta que al fin se imaginó que estaba contemplando su propia existencia con el interés pasivo de un espectador ajeno.
Lo amargaba la convicción de que toda aquella desolación había sido provocada por el azar de que ella fuera una d'Urberville. Cuando descubrió que Tess procedía de aquella extinta y antigua estirpe, y no de las nuevas tribus venidas de abajo, como él había soñado ilusionado, ¿por qué no la había abandonado estoicamente en fidelidad a sus principios? Esto era lo que había obtenido por la apostasía, y tenía bien merecido su castigo.
Entonces se sintió cansado y ansioso, y su ansiedad fue en aumento. Se preguntó si había sido injusto con ella. Comió sin saber que comía, y bebió sin saborear.
A medida que las horas iban pasando, conforme el motivo de cada acto en la larga serie de días pretéritos se presentaba ante su vista, percibió cuán íntimamente la idea de tener a Tess como una preciada posesión se hallaba entremezclada con todos sus planes, sus palabras y sus maneras.
En sus idas y venidas observó en las afueras de una pequeña población un cartel rojo y azul que exponía las grandes ventajas del Imperio de Brasil como destino para el agricultor emigrante. Allí se ofrecían tierras en condiciones excepcionalmente ventajosas. Brasil le atraía un poco como una idea nueva. Tess podría reunirse con él allí