Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XXXVI

Terminado el desayuno, él se levantó y, diciéndole la hora a la que se podía esperar que volviera para cenar, se marchó a casa del molinero en cumplimiento mecánico del plan de estudiar ese negocio, que había sido su única razón práctica para venir aquí.

Cuando él se hubo marchado, Tess se quedó en la ventana y al poco rato vio su figura cruzando el gran puente de piedra que conducía al recinto del molino. Desapareció tras él, cruzó la vía férrea que había más allá y se esfumó.

Entonces, sin un suspiro, concentró su atención en la habitación, y empezó a limpiar la mesa y a dejarla en orden.

La asistenta no tardó en llegar. Su presencia supuso al principio una tensión para Tess, pero después un alivio. A las doce y media dejó a su ayudante sola en la cocina y, volviendo a la sala de estar, esperó la reaparición de la figura de Angel más allá del puente.

A eso de la una se dejó ver. Su rostro se ruborizó, a pesar de que él se encontraba a un cuarto de milla de distancia. Ella corrió a la cocina para tener la comida servida para cuando él entrara.

Fue primero a la habitación donde se habían lavado las manos juntos el día anterior, y al entrar en la salita, las tapaderas de los platos se levantaron de las fuentes como por su propio impulso.

—¡Qué puntual! —dijo él.

—Sí. Te vi cruzar el puente —dijo ella.

La comida transcurrió entre charlas triviales sobre lo que él había estado haciendo durante la mañana en el molino de la Abadía, sobre los métodos de cernido y la maquinaria anticuada, la cual temía que no le aportaría grandes luces sobre los modernos métodos perfeccionados, pues parte de ella parecía haber estado en uso desde los tiempos en que

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