Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XLI

—¡Pobrecitas mías!, ¡suponer yo que era la criatura más desgraciada sobre la tierra a la vista de una miseria como la vuestra! —exclamó, mientras le rodaban las lágrimas por las mejillas al matar a las aves con ternura—. ¡Y sin un solo dolor físico en todo mi cuerpo! No estoy descuartizada, ni estoy sangrando, y tengo dos manos para alimentarme y vestirme. Se avergonzaba de sí misma por su abatimiento de la noche anterior, que no se basaba en nada más tangible que en un sentimiento de condena bajo una ley arbitraria de la sociedad que no tenía fundamento en la Naturaleza.

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