Angel Clare emerge del pasado no del todo como una figura nítida, sino como una voz comprensiva, una larga mirada de ojos fijos y abstraídos, y una movilidad de boca algo demasiado pequeña y de líneas delicadas para la de un hombre, aunque con un cierre inesperadamente firme del labio inferior de vez en cuando; lo suficiente como para disipar cualquier inferencia de indecisión.
Sin embargo, algo nebuloso, preocupado, vago, en su porte y su mirada, lo señalaba como alguien que probablemente no tenía un propósito muy definido ni inquietud alguna por su porvenir material. Con todo, de muchacho la gente había dicho de él que era de los que podrían llegar a cualquier cosa si se lo proponían.
Era el hijo menor de su padre, un pobre pastor protestante del otro extremo del condado, y había llegado a la granja lechera de Talbothays como alumno por seis meses, tras haber recorrido varias otras granjas, con el propósito de adquirir destreza práctica en los diversos procesos de la agricultura, con vistas ya fuera a las Colonias o a la posesión de una granja propia, según decidieran las circunstancias.
Su ingreso en las filas de los agricultores y ganaderos fue un paso en la carrera del joven que no había sido previsto ni por él mismo ni por los demás.
El anciano señor Clare, cuya primera esposa había muerto dejándole una hija, se casó por segunda vez a una edad avanzada. Esta señora le había dado un tanto inesperadamente tres hijos, de modo que entre Angel, el menor, y su padre el vicario parecía haber casi una generación de diferencia.