Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XXI

lechería. «El muy bribón, ¿dónde está?», dice ella. «¡Le voy a arañar la cara, con tal de que le pille!». Pues bien, anduvo buscando por todas partes, poniendo a Jack verde de arriba abajo, mientras Jack yacía casi asfixiado dentro de la mantequera, y la pobre doncella —o joven más bien— de pie en la puerta llorando a moco tendido. ¡Nunca lo olvidaré, jamás! ¡Habría conmovido una piedra de mármol! Pero no pudo encontrarle por ningún lado.

El lechero hizo una pausa, y uno o dos comentarios salieron de los oyentes.

Las historias del lechero Crick a menudo parecían terminar cuando en realidad no era así, y los desconocidos caían en la trampa de exclamar un final prematuro, aunque los viejos amigos ya se la sabían. El narrador prosiguió:

—Bueno, cómo se le ocurrió a la vieja adivinarlo es algo que nunca pude entender, pero descubrió que él estaba metido dentro de aquella mantequera. Sin decir una palabra, agarró la manivela (entonces funcionaba a mano), y lo sacudió dando vueltas, y Jack empezó a dar tumbos por dentro. «¡Oh, Dios! ¡Para la mantequera! ¡Sácame de aquí!», decía él, asomando la cabeza. «¡Me van a hacer papilla a base de batido!» (En el fondo era un cobarde, como suele ser esta clase de hombres). «¡Ni hablar hasta que no enmendéis el daño de haber mancillado su inocencia virginal!», dijo la anciana. «¡Para la mantequera, vieja bruja!», gritaba él. «¿Conque me llamas vieja bruja, bribón?», decía ella, «¡cuando tendrías que haberme estado llamando suegra estos últimos cinco meses!».

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