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nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XLV

Se dirigió a una angarilla de caza en el seto y, sin volver a posar los ojos en ella, la saltó y emprendió la marcha a través de las colinas en dirección a Abbot’s-Cernel.

Mientras caminaba, su paso denotaba agitación y, al poco rato, como impulsado por un pensamiento anterior, sacó del bolsillo un pequeño libro entre cuyas hojas iba doblada una carta, gastada y sucia por el mucho uso.

D’Urberville abrió la carta. Estaba fechada varios meses atrás y la firmaba el pastor Clare.

La carta comenzaba expresando la sincera alegría del remitente por la conversión de d’Urberville, y le agradecía su amabilidad al haberse comunicado con el pastor sobre el asunto.

Expresaba la cálida seguridad del perdón del señor Clare por la conducta anterior de d’Urberville y su interés por los planes del joven para el futuro. A él, al señor Clare, le habría gustado mucho ver a d’Urberville en la Iglesia a cuyo ministerio había consagrado tantos años de su propia vida, y le habría ayudado a ingresar en un colegio teológico con ese fin; pero dado que su corresponsal probablemente no había querido hacerlo debido a la demora que ello habría entrañado, él no era quién para insistir en su importancia primordial.

Cada hombre debía trabajar como mejor pudiera hacerlo, y en el método hacia el cual se sintiera impulsado por el Espíritu.

D’Urberville leyó y releyó esta carta, y pareció burlarse de sí mismo con cinismo. También leyó algunos pasajes de sus notas mientras caminaba hasta que su rostro adoptó una expresión de calma y, al parecer, la imagen de Tess dejó de turbar su mente.

Ella, entretanto, había seguido por el borde de la colina por donde tenía el camino más corto a casa. A la distancia de una milla se encontró con

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