Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XVI

seguir. Aunque él era un extraño para ella, aceptó su oferta de un asiento a su lado, sin hacer caso de que el motivo de este no era más que un homenaje a su rostro. Él iba a Weatherbury, y acompañándole hasta allí ella podría caminar el resto de la distancia en vez de viajar en el carro pasando por Casterbridge.

Tess no se detuvo en Weatherbury, tras este largo viaje, más que para hacer una ligera comida sin nombre al mediodía en una cabaña que el granjero le recomendó.

Desde allí emprendió la marcha a pie, cesta en mano, para alcanzar la amplia meseta de brezal que divide este distrito de los prados bajos de un valle más lejano en el que se alzaba la lechería que era la meta y fin de su peregrinaje del día.

Tess nunca antes había visitado esta parte del país, y sin embargo se sentía emparentada con el paisaje. No muy lejos a su izquierda pudo divisar una mancha oscura en el escenario, y las averiguaciones le confirmaron su suposición de que eran árboles que señalaban los alrededores de Kingsbere, en cuya parroquia yacían sepultados los huesos de sus antepasados, de sus inútiles antepasados.

Ya no sentía ninguna admiración por ellos; casi los odiaba por el baile que le habían dado; de todo lo que había sido de ellos, no conservaba más que el viejo sello y la cuchara.

«¡Bah⁠—tengo tanto de madre como de padre en mí! —dijo—. Toda mi gracia me viene de ella, y no era más que una lechera».

El trayecto a través de las lomas y hondonadas intermedias de Egdon, una vez que se adentró en ellas, resultó ser un paseo mucho más fatigoso de lo que había previsto, a pesar de que la distancia no era en realidad de más

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