Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
EspañolEnglish
Página 280 de 608
Table of Contents

XXIX

—¿Pues a que no adivináis de quién he tenido noticias esta mañana? —dijo el mayoral Crick al sentarse a desayunar al día siguiente, con una mirada intrigante dirigida a los hombres y muchachas que masticaban—. ¿A que no adivináis de quién?

Uno adivinó, y otro adivinó. La señora Crick no adivinó, porque ya lo sabía.

—Bueno —dijo el lechero—, es ese pájaro de mal agüero y flojo de entendederas de Jack Dollop. Hace poco se ha casado con una viuda.

—¿No será Jack Dollop? ¡Un villano, pensar en eso! —dijo un ordeñador.

El nombre penetró rápidamente en la conciencia de Tess Durbeyfield, pues era el nombre del amante que había agraviado a su amada, y que después había sido tan maltratado por la madre de la joven en la mantequera.

—¿Y se casó con la hija de la valiente matrona, tal como había prometido? —preguntó Angel Clare distraído, mientras hojeaba el periódico que leía en la mesita a la que la señora Crick lo relegaba siempre, movida por un sentimiento de la distinción de él.

—Él no, señor. Nunca tuvo esa intención —respondió el lechero—. Como le digo, es una viuda, y parece que tenía dinero —cincuenta libras al año más o menos—, y eso era lo único que le interesaba. Se casaron con toda prisa; y entonces ella le dijo que al casarse había perdido sus cincuenta libras al año. ¡Imagínese el estado de ánimo de mi señorito con esa noticia! ¡Jamás han llevado una vida de perros como la que llevan desde entonces! Bien merecido se lo tiene. Pero, por desgracia, la pobre mujer se lleva la peor parte.

280