Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XXVIII

pues su agudeza natural y su admiración por él la habían llevado a asimilar su vocabulario, su acento y fragmentos de su saber hasta un grado sorprendente. Tras estas tiernas disputas y su victoria, ella se iba a solas junto a la vaca más apartada, si era la hora del ordeño, o entre los juncos o a su cuarto, si era un rato de descanso, y lloraba en silencio, ni un minuto después de un aparente y flemático rechazo.

La lucha era tan espantosa; su propio corazón estaba tan fuertemente de parte de él —dos corazones ardientes contra una pobre y pequeña conciencia—, que trató de fortificar su resolución por todos los medios a su alcance. Había llegado a Talbothays con una decisión tomada. Por nada del mundo podía acceder a un paso que pudiera acarrearle después un amargo arrepentimiento a su marido por su ceguera al casarse con ella. Y sostenía que lo que su conciencia había decidido por ella cuando su mente estaba libre de influencias no debía revocarse ahora.

—¿Por qué nadie le

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