Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
Página 316 de 608
Table of Contents

XXXII

—De modo que, hablando en serio, queridísima Tess —prosiguió—, puesto que probablemente tendrás que marcharte en Navidad, es de todo punto conveniente y oportuno que te lleve conmigo entonces como propiedad mía. Además, si no fueras la muchacha menos calculadora del mundo, sabrías que no podemos seguir así para siempre.

“Ojalá pudiéramos. ¡Que siempre fuera verano y otoño, y tú siempre cortejándome, y pensando siempre tanto en mí como lo has hecho durante este último verano!”

“Siempre lo haré”.

“¡Oh, sé que lo harás! —exclamó ella, con un repentino fervor de fe en él—. ¡Ángel, fijaré el día en que seré tuya para siempre!”.

Así quedó finalmente arreglado entre ellos, durante aquella oscura caminata a casa, en medio de la miríada de líquidas voces a diestra y siniestra.

Cuando llegaron a la lechería, el señor y la señora Crick fueron informados sin demora —con la consigna de guardar secreto, ya que cada uno de los enamorados deseaba que el matrimonio se mantuviera lo más en privado posible—. El lechero, aunque había pensado en despedirla pronto, ahora armó un gran escándalo por la idea de perderla. ¿Qué haría con el desnatado? ¿Quién haría los moldes de mantequilla decorativos para las damas de Anglebury y Sandbourne? La señora Crick felicitó a Tess por el hecho de que las dudas por fin hubieran llegado a su fin, y dijo que nada más poner los ojos en Tess adivino que ella iba a ser la elegida de alguien que no era un simple hombre de campo; Tess había lucido tan distinguida al cruzar el corral aquella tarde de su llegada; que era de buena familia podría haberlo jurado. A decir verdad, la señora Crick sí recordaba haber pensado que Tess era elegante y hermosa cuando se acercaba; pero la distinción bien pudo ser fruto de la imaginación ayudada por el conocimiento posterior.

316