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nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XXV

Era principalmente una diferencia en sus modales lo que notaban ahora, sobre todo sus hermanos. Empezaba a comportarse como un granjero; gesticulaba con las piernas; los músculos de su rostro se habían vuelto más expresivos; sus ojos transmitían tanta información como su lengua, y más. Los modales de erudito casi habían desaparecido; y aún más los del joven de salón. Un pedante habría dicho que había perdido la cultura, y una beata que se había vuelto grosero. Tal era el contagio de la convivencia doméstica con las ninfas y los zagales de Talbothays.

Después de desayunar caminaba con sus dos hermanos, jóvenes no evangélicos, cultos, de marca probada, correctos hasta su fibra más remota, modelos inatacables de esos que salen anualmente del torno de una enseñanza sistemática.

Ambos eran algo miopes, y cuando se llevaba monóculo con cordón, ellos llevaban monóculo con cordón; cuando se llevaban lentes dobles, llevaban lentes dobles; cuando se estilaban las gafas, se ponían gafas al instante, todo ello sin tener en cuenta la variedad particular de defecto en su propia visión.

Cuando Wordsworth fue entronizado, llevaban ejemplares de bolsillo; y cuando se menospreciaba a Shelley, permitían que se llenara de polvo en sus estantes. Cuando se admiraban las Sagradas Familias de Correggio, ellos admiraban las Sagradas Familias de Correggio; cuando este era denostado en favor de Velázquez, ellos seguían el ejemplo con esmero y sin la menor objeción personal.

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