Por fin llegó la víspera de la Anunciación, y el mundo agrario vivía en una fiebre de mudanzas como solo se da en esa fecha concreta del año. Es un día de cumplimiento; los acuerdos para los trabajos al aire libre durante el año veniduero, concertados en la Candelaria, deben llevarse a cabo ahora. Los braceros —o «la gente de labor», como se llamaban a sí mismos desde tiempos inmemoriales hasta que la otra palabra fue introducida desde fuera— que no desean seguir en sus antiguos lugares se trasladan a las nuevas granjas.
Estas migraciones anuales de granja en granja iban en aumento por aquel entonces.
Cuando la madre de Tess era niña, la mayoría de la gente del campo de los alrededores de Marlott había permanecido toda su vida en una sola granja, que había sido el hogar también de sus padres y abuelos; pero últimamente el deseo de mudarse cada año había llegado a su punto álgido.
Para las familias más jóvenes era una emocionante diversión que posiblemente resultaría ventajosa. El Egipto de una familia era la Tierra Prometida para la familia que la veía desde la distancia, hasta que, al residir allí, se convertía a su vez en su Egipto también; y así se mudaban una y otra vez.
Sin embargo, todas las mutaciones que se hacían cada vez más perceptibles en la vida de la aldea no provenían enteramente de la agitación agrícola. También se estaba produciendo una despoblación. La aldea había contado anteriormente, junto a los jornaleros agrícolas, con una clase interesante y mejor informada, situada claramente por