otra cosa habría podido hacerlo. ¡Qué inesperados eran los ataques del destino! Y si su padre dudaba un poco de ella, ¿no dudarían mucho más los vecinos y conocidos? ¡Ay, no podía vivir mucho tiempo en casa!
Unos pocos días, en consecuencia, fueron todo lo que se concedió allí, al término de los cuales recibió una breve nota de Clare, en la que le informaba de que se había marchado al norte de Inglaterra para ver una granja.
En su anhelo por el brillo de su verdadera posición como esposa de este, y para ocultar a sus padres la vasta magnitud de la brecha entre ambos, se sirvió de aquella carta como motivo para volver a partir, dejándoles bajo la impresión de que se disponía a reunirse con él.
Para proteger aún más a su marido de cualquier acusación de crueldad hacia ella, tomó veinticinco de las cincuenta libras que Clare le había dado, y le entregó la suma a su madre, como si la esposa de un hombre como Angel Clare pudiera permitírselo holgadamente, diciendo que era una pequeña compensación por los problemas y la humillación que les había causado en años pasados.
Con esta afirmación de su dignidad se despidió de ellos; y a partir de entonces hubo mucho trajín en el hogar de los Durbeyfield durante algún tiempo gracias a la generosidad de Tess, pues su madre afirmaba —y de hecho creía— que la ruptura surgida entre el joven matrimonio se había solucionado debido al profundo convencimiento de que no podían vivir separados el uno del otro.