alumna de lo más apta, como dirías tú si la conocieras. Está rebosante de poesía; poesía hecha realidad, si se me permite la expresión. Vive lo que los poetas de papel tan solo escriben… Y es una cristiana intachable, estoy seguro; tal vez de la misma tribu, género y especie que deseas propagar”.
“¡Oh, Ángel, te estás burlando!”
“Madre, te ruego que me perdones. Pero como ella de verdad asiste a la iglesia casi todos los domingos por la mañana, y es una buena chica cristiana, estoy seguro de que tolerarás cualquier defecto social en aras de esa cualidad, y sentirás que podría hacer peor elección que la de ella”.
Angel se puso bastante serio en lo que respecta a esa ortodoxia casi automática en su amada Tess —la cual (sin soñar jamás que pudiera resultarle de tan buena ayuda) había tendido a menospreciar al observarla practicada por ella y las otras lecheras, debido a su evidente irrealidad en medio de creencias esencialmente naturalistas.
En medio de sus tristes dudas sobre si su hijo tenía realmente derecho alguno al título que reclamaba para aquella joven desconocida, el señor y la señora Clare empezaron a considerar como una ventaja nada desdeñable el hecho de que al menos ella fuera sólida en sus convicciones; sobre todo porque la unión de ambos debía haber surgido por obra de la Providencia, ya que Ángel jamás habría hecho de la ortodoxia una condición para su elección. Dijeron finalmente que era mejor no actuar apresuradamente, pero que no se opondrían a conocerla.
Angel, por consiguiente, se abstuvo de declarar más detalles por el momento. Sentía que, por más íntegros y abnegados que fueran sus padres, aún existían en ellos ciertos prejuicios latentes, propios de la clase media, que requeriría cierto tacto superar. Pues, aunque legalmente tenía la libertad de hacer lo que quisiera, y aunque las cualidades de su nuera no pudieran suponer ninguna