Codal
nydus/Tess of the d’UrbervillesPublic
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XLI

Ella reconoció en él al paleto adinerado al que Angel había derribado en la posada por dirigirse a ella con grosería. Un espasmo de angustia la atravesó y no le dio respuesta.

“Ten la honradez de admitirlo, y que lo que dije en el pueblo era verdad, aunque tu amiguito se puso tan chulo por ello, ¿eh, mi astuta? Deberías pedirme disculpas por ese golpe suyo, teniendo en cuenta todo”.

Still no answer came from Tess. There seemed only one escape for her hunted soul.

She suddenly took to her heels with the speed of the wind, and, without looking behind her, ran along the road till she came to a gate which opened directly into a plantation.

Into this she plunged, and did not pause till she was deep enough in its shade to be safe against any possibility of discovery.

Bajo sus pies las hojas estaban secas, y el follaje de unos acebos que crecían entre los árboles de hoja caduca era lo suficientemente espeso como para resguardarla de las corrientes de aire.

Juntó las hojas muertas arrastrándolas hasta formar un gran montón, haciendo una especie de nido en el medio. Tess se metió dentro.

El poco sueño que pudo conciliar fue, naturalmente, intermitente; le pareció oír extraños ruidos, pero se convenció de que eran causados por la brisa. Pensó en su esposo, en algún clima cálido y remoto al otro lado del globo, mientras ella estaba allí en el frío. ¿Había en el mundo un ser tan desdichado como ella?, se preguntó Tess; y, pensando en su vida desaprovechada, dijo: «Todo es vanidad». Repitió las palabras mecánicamente, hasta que reflexionó que ese era un pensamiento de lo más inadecuado para los tiempos modernos. Salomón había llegado tan lejos como eso hacía más de dos mil años; ella misma, aunque no

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