Habló con tanta naturalidad que Angel tuvo la certeza en su corazón de que su padre no podría ponerle objeciones por motivos religiosos, aun cuando ella no supiera si sus principios eran High, Low o Broad.
Él mismo sabía que, en realidad, las creencias confusas que ella sostenía, al parecer absorbidas en la infancia, eran, a lo sumo, tractarianas en cuanto a la fraseología, y panteístas en cuanto a la esencia.
Confusas o no, perturbarlas era lo último que deseaba:
Deja a tu hermana, cuando ruegue, su temprano Cielo, sus felices visiones; ni tú con velada insinuación confundas una vida que lleva días melodiosos.
En ocasiones había considerado el consejo menos honesto que musical; pero ahora se plegaba a él con gusto.
Habló además de los incidentes de su visita, del modo de vida de su padre, de su celo por sus principios; ella se fue serenando y las ondulaciones desaparecieron de su rasguño; a medida que ella terminaba un ramal tras otro, él la seguía y quitaba los tapones para dejar bajar la leche.
—Me pareció que tenías un aspecto un poco abatido al entrar —se aventuró a señalar, deseosa de alejar la conversación de su propia persona.
—Sí—bueno, mi padre había estado hablándome largo y tendido de sus tribulaciones y dificultades, y el tema siempre tiende a deprimirme. Es tan ferviente que se lleva muchos desaires y bofetadas de gente que piensa de otro modo, y no me gusta oír hablar de tales humillaciones hacia un hombre de su edad, tanto más cuanto que no creo que el fervor sirva de nada cuando se lleva tan al extremo. Me ha estado contando una escena muy desagradable en la que participó hace muy poco. Fue como delegado de alguna sociedad misionera a predicar en los alrededores de