CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 153 de 837
Table of Contents

IV. El Lago

“No”, siseó el búho; y Richard estaba casi seguro de que en realidad no era un búho. Así que se quedó mirándolo fijamente durante unos instantes, cuando de repente, sin levantar los ojos del libro, el búho dijo: “Cantaré una canción”, y comenzó:⁠—

“Nadie conoce el mundo salvo yo. Cuando todos están en la cama, me desvelo para ver que soy mejor estudiante que cualquier estudiante, pues nunca leo hasta que cae la oscuridad; y nunca leo sin mis anteojos, y así es como mi sabiduría supera a todos. Jujuujuuljuuluulujuu.

“Puedo ver el viento. Ahora bien, ¿quién puede hacer eso? Veo los sueños que él lleva en su sombrero; lo veo resoplando mientras avanza, por su tonta nariz de trompeta. Diez mil cosas que ustedes no podrían imaginar las escribo con pluma y tintero. Jujuujuuililwiit, eso es ingenio.

“Podrán llamarlo erudición, es ingenio natural. Nadie más ve a la señora luna sentada en el mar, su nido, toda la noche, salvo el búho, empollando los barcos y las aves de patas largas. Cuando las ostras abren la boca para cantar de memoria, ella le atraganta una perla a cada garganta estúpida. ¡Jujuuiwiit, eso es ingenio, ahí hay un ave!”

Y cantando así, le arrojó el libro a la cara a Richard, desplegó sus grandes, silenciosas y suaves alas, y se alejó raudo hacia las profundidades del árbol.

Cuando el libro golpeó a Richard, descubrió que no era más que un terrón de musgo húmedo.

Mientras hablaba con el búho, había avistado un hueco detrás de una de las ramas. Juzgando que este era el camino al que se refería el búho, fue a

153