congénita, por la simpatía hacia la angustia de su amigo, que había salido y hablado a los muchachos —incluso los había regañado, de modo que se alejaban avergonzados y empezaban a temerle tanto a ella como a las garras de su presa. Así ella, mansa y tímida hasta el exceso, adquirió entre ellos la reputación de harpía. La opinión popular entre los niños, como entre los hombres, es a menudo justa, pero con tanta frecuencia muy injusta; pues las mismas manifestaciones pueden proceder de principios opuestos y, por lo tanto, como índices del carácter, pueden engañar tanto como iluminar.
Al lado de la casa en la que residía Elsie, vivían un comerciante y su mujer, quienes tenían una tienda de índole indefinida en la que exponían para la venta mercancías de diversa variedad. Su hijo menor tenía más o menos la misma edad que Elsie; y mientras eran algo más que niños y menos que jóvenes, él pasaba muchas de sus tardes con ella, en cierto detrimento de su posición en las clases de la escuela parroquial. Estaban, en verdad, muy apegados el uno al otro; y, dada la peculiar constitución de Elsie, uno puede imaginar qué clase de mensajero celestial debió de ser para ella un compañero más fuerte que ella misma. De hecho, si hubiera podido formular la indefinible necesidad de su naturaleza infantil en una oración articulada, esta habría sido: «Dame a alguien que me ame que sea más fuerte que yo». Cualquier amor era útil, sí, en su medida, una salvación para su pobre y atribulada alma; pero la esperanza, a medida que crecían juntos, de que aquel joven vigoroso y a la vez tierno realmente la amara y algún día la hiciera su esposa, fue como la apertura de unos ojos celestiales de vida y amor en el rostro hasta entonces inexpresivo y cadavérico de su existencia. Pero no se había dicho nada sobre el amor, aunque se encontraban y se despedían como amantes.
Sin duda, si los círculos de su pensamiento y de su sentimiento hubieran continuado intersectándose como hasta entonces, no habría habido interrupción en su afecto; pero llegó al fin el tiempo en que los ancianos, viendo al resto de su familia cómodamente instalada en la vida,