¿Dónde está el príncipe?
Jamás desde la noche en que la princesa lo había abandonado tan abrupto el príncipe había vuelto a tener una sola entrevista con ella.
La había visto una o dos veces en el lago; pero, hasta donde él pudo averiguar, ella ya no se había metido en él por la noche. Él se había sentado a cantar, buscando en vano a su nereida; mientras ella, como una verdadera nereida, se consumía con su lago, hundiéndose a medida que este descendía, marchitándose a medida que se secaba.
Cuando al fin descubrió el cambio que se estaba produciendo en el nivel del agua, sintió una gran alarma y desconcierto. No sabía si el lago se estaba muriendo porque la dama lo había abandonado, o si la dama no quería venir porque el lago había comenzado a descender. Pero se propuso averiguar al menos eso.
Se disfrazó y, yendo al palacio, pidió ver al chambelán. Su aspecto le concedió la solicitud de inmediato; y el chambelán, al ser un hombre de cierta perspicacia, percibió que había algo más en la petición del príncipe de lo que se alcanzaba a oír. Sintió asimismo que nadie podía saber de dónde podría surgir una solución para las dificultades actuales. Así que concedió el ruego del príncipe de convertirse en limpiabotas de la princesa. Fue bastante astuto por parte del príncipe solicitar un puesto tan fácil, pues la princesa no podía ensuciar tantos zapatos como otras princesas. Pronto aprendió todo lo que se podía aprender sobre la princesa.