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nydus/Short FictionPublic
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El Lobo Gris

En el momento siguiente, se dio la vuelta y salió apresuradamente de la choza.

“A ella no le gusta el pescado —dijo la anciana—, y no tengo otra cosa que darle”.

—No parece estar muy bien de salud —replicó él.

La mujer respondió tan solo con un suspiro, y se comieron el pescado con la ayuda de un poco de pan de centeno. Al terminar la cena, el joven oyó un ruido como de pisadas de perro sobre la arena cerca de la puerta; pero antes de que tuviera tiempo de mirar por la ventana, la puerta se abrió y entró la joven.

Tenía mejor aspecto, tal vez por haberse lavado la cara recién. Acercó un taburete al rincón del fuego, enfrente de él.

Pero al sentarse, para desconcierto e incluso horror del estudiante, este divisó una sola gota de sangre en su piel blanca a través de su vestido desgarrado.

La mujer sacó un frasco de güisqui, puso un viejo hervidor oxidado al fuego y ocupó su lugar frente a él. Tan pronto como el agua hirvió, procedió a preparar un toddy en un cuenco de madera.

Entre tanto, el joven no podía apartar los ojos de la muchacha, de modo que al fin se sintió fascinado, o más bien embrujado.

Ella mantenía los ojos la mayor parte del tiempo velados por los párpados más hermosos, ribeteados de pestañas oscurísimas, y él la contemplaba embelesado; pues el fulgor rojizo del pequeño quinqué disimulaba toda la extrañeza de su cutis.

Pero tan pronto como se cruzaba con una mirada furtiva de aquellos ojos sin velo, su alma se estremecía en su interior. Su hermoso rostro y sus ojos hambrientos alternaban la fascinación y la repulsión.

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