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nydus/Short FictionPublic
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Las Sombras

Hadas; ni que, en consecuencia, todos los gnomos y duendes, y las cosas feas y crueles que viven en los agujeros y rincones del reino, se aprovecharan de su situación y se desbocaran por completo, jugándole, rey y todo como era, toda clase de tretas; amontonándose en torno a su trono, trepando por los escalones y atropellándose y peleándose en realidad como ratones alrededor de sus orejas y de sus ojos, de modo que no podía ver ni pensar en ninguna otra cosa. Pero no voy a contar nada más sobre esta parte de sus aventuras por el momento. Mediante esfuerzos intensos y sostenidos, logró, tras muchos problemas y sufrimientos, someter a sus rebeldes súbditos y devolverlos al orden. Todos se desvanecieron hacia sus respectivos agujeros y rincones; y el rey Ralph, volviendo en sí, se halló en su cama, medio incorporado con almohadas.

Pero la habitación estaba llena de criaturas oscuras que retozaban a la luz del fuego de un modo tan extraño, enorme y silencioso, que al principio pensó que algunos de sus duendes rebeldes no habían sido somjuzgados con los demás, sino que lo habían seguido más allá de los confines del País de las Hadas hasta su propia casa en Londres. ¿Cómo si no iban a hacer su fea aparición estos locos y grotescos becerros de hipopótamo en el dormitorio de Ralph Rinkelmann? Pero pronto descubrió que, aunque se parecía a los duendes subterráneos, también eran muy diferentes y requerirían un trato completamente distinto. Estaba convencido de que también eran súbditos suyos, pero que de algún modo los había pasado por alto en su reciente coronación —si es que habían estado presentes—, pues no recordaba haber visto nada parecido antes. Decidió, por tanto, prestar especial atención a sus costumbres, modos y caracteres; de lo otro vio claramente que pronto podrían con él, como sin duda auguraba aquella intrusión en su aposento, donde la señora Rinkelmann, que tenía que ser reina si él era rey, estaba sentada tomando un poco de té junto a la chimenea.

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