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nydus/Short FictionPublic
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El Pintor Cruel

llevando Karl consigo una gran hacha usada para hender leña. Lilith se estremeció al verla, manchada como estaba con el vino que Heinrich había derramado sobre ella, y por poco se creyó la compañera nocturna de un vampiro al fin y al cabo, visitando con él el terrible cadáver en el que habitaba todo el día. Pero Karl pronto la tranquilizó; y unos cuantos buenos golpes de hacha revelaron un núcleo muy diferente al que Teufelsbürst suponía que había en su interior. Karl la hizo pedazos y, con la ayuda de Lilith, quien insistió en cargar con su parte, el conjunto pronto estuvo en el fondo del Moldava y se borró todo rastro de su existencia. Antes del amanecer, además, la forma de Lilith había renacido en cada cuadro. No hubo tiempo de restaurar a su condición anterior el que Karl había alterado primero; pues en él los cambios eran todo lo que parecían; ni tampoco era él capaz de restaurarlo al estilo del maestro; pero lo ocultaron por completo y esperaron que transcurriera el tiempo suficiente antes de que el pintor volviera a pensar en él.

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