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nydus/Short FictionPublic
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XII. La cera y la lezna

Era un espectáculo encantador verlas retozar así a la luz del sol poniente, con sus alegres vestidos, que brillaban con joyas, o lo que parecía joyas, destellando de todos los colores al moverse. Pero Colin no tuvo mucho tiempo para verlas; porque en cuanto lo vieron, sabiendo que este era el hombre a quien habían agraviado al robarle a su hijo, y sabiendo también que él las veía, huyeron de inmediato hacia lo alto de la roca y desaparecieron. Esto era justo lo que Colin quería. Dio muchas vueltas alrededor de la roca, miró en todas las direcciones donde pudiera haber un charco, encontró a más hadas, aquí y allá, que huyeron como las primeras roca arriba y desaparecieron. Cuando las hubo ahuyentado a todas de la arena, se acercó a la roca, sacando del bolsillo el trozo de cera de zapatero mientras caminaba. Trepó por la roca y, sin mostrar la cara, puso la mano en el borde superior de esta y comenzó a trazar una línea con la cera a todo lo largo. Fue avanzando a gatas alrededor de la roca, sin dejar de pasar la cera por el borde, hasta que hubo completado el circuito. Entonces se asomó.

Now in the heart of this rock, which was nearly covered at highwater, there was a big basin, known as the Kelpie’s Pool, filled with seawater and the loveliest seaweed and many little sea-animals; and this was a favourite resort of the fairies. It was now, of course, crowded. When they saw his big head come peeping over, they burst into a loud fit of laughter, and began mocking him and making game of him in a hundred ways. * Some made the ugliest faces they could, some queer gestures of contempt; * others sung bits of songs, and

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