¿Estaba la criatura enajenada? ¿Qué podía significar la nena, con sus grandes ojos mirándola fijamente? Alice nunca la había comprendido: ¡por cierto que sería extraño que lo menor comprendiera a lo mayor! Aún no era capaz de reconocer la palabra del Señor en boca de los niños y de los lactantes. Pero había algo en el rostro de Phosy además de su calma y su ininteligibilidad. Qué era, Alice jamás habría sabido decirlo, pero le hizo bien. Alzó a la niña y la puso en su regazo. Allí se durmió pronto. Alice la desvistió, la acostó en su cuna y se fue a la cama.
Pero, por más cansada que estuviera, tuvo que levantarse de nuevo antes de conciliar el sueño. Su ama había vuelto a enfermar. Se mandó a buscar al médico y a la enfermera a toda prisa; los hansom cabs iban y venían durante toda la noche, como polillas ruidosas hacia la única casa iluminada de la calle; había pasos suaves adentro y las puertas se abrían y cerraban con delicadeza. Las aguas de Mara habían subido e inundado la casa.
Hacia la madrugada se iban apagando lentamente. Letty no sabía que su marido estaba velando junto a