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nydus/Short FictionPublic
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Mucho más valiosas que las piedras preciosas

que la mente corriente descartaría como una mera coincidencia. No digo que le hubieran ocurrido «muchas» cosas de esa índole en su vida; pero, en conjunto, su rareza y su recurrencia habían hecho que las recordara todas, de modo que, al repasarlas, le parecían muchas. Y ahora, con la vaga previsión, según parecía, de que algo iba a suceder, y con el vago recuerdo de que de antemano sabía que se aproximaba, algo extraño tuvo lugar. Para referirse a tales cosas solía emplear, en días posteriores, la vieja y solemne frase bíblica: «Aconteció que»; nunca decía: «Sucedió».

Mientras caminaba con la vista en el suelo —donde las hojas marchitas eran arrebatadas de vez en cuando en una danza salvaje por el viento juguetón—, de pronto advirtió entre ellas algo que no pudo identificar, que giraba en el vórtice aéreo alrededor de sus pies. Apenas importándole lo que fuese, lo miró sin embargo, de manera casi mecánica, un poco más de cerca, lo perdió de vista, volvió a captarlo cuando una nueva ráfaga lo hizo girar una vez más en torno a sus pies, y ahora lo observó con mayor fijeza. Ni aun entonces parecía otra cosa que una hoja marchita más, marrón y arrugada, entregada al viento y crujiendo a su merced. Sin embargo, le causó una impresión tan poco parecida a la de una hoja que, por un momento más, clavó en él una mirada aún más aguda de ojos inconscientemente expectantes, y solo vio que parecía —tal vez un poco más grande que la mayoría de las otras hojas— tan marrón y muerta como ellas.

Casi al mismo instante, sin embargo, se volvió y se abalanzó sobre él y, en el momento en que lo tocó, advirtió que se sentía menos desmenuzable y quebradizo de lo que los otros aparentaban, y entonces vio claramente que no era una hoja, sino quizás un trapo, o posiblemente un pedazo de papel sucio y arrugado.

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