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nydus/Short FictionPublic
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Una parábola

ordinario, una solemnidad y una grandeza que de inmediato se antojaban inadecuadas para la alegre compañía que muy pronto se movería por ellas con la misma despreocupación con que los hombres caminan al aire libre bajo los grandes cielos, colinas y nubes. Un día, mientras los obreros estaban atareados, la hermana mayor, de la que ya he hablado, entró por casualidad, no sabe por qué. De repente, la gran idea de los poderosos salones alboreó en ella e inundó su alma. Las llamadas decoraciones se desvanecieron ante su vista, y se sintió como si estuviera en la presencia de su padre. Se sintió a la vez enaltecida y humillada. Tan repentinamente como surgió, la idea se desvaneció y huyó, y no vio más que los vistosos festones, cortinajes y pinturas que desfiguraban la grandeza. Lloró y se alejó a toda prisa. Ahora era demasiado tarde para intervenir, y las cosas debían seguir su curso. Habría sido poco más que una profetisa Casandra para aquellos que solo veían el placer por delante. No había estado presente cuando su hermano fue encarcelado; y de hecho, durante unos días, había estado tan ensomismada en sus propios asuntos que apenas había prestado atención a lo que sucedía. Pero todos esperaban que se dejara ver cuando la compañía se hubiera reunido, y le habían pedido consejo en diversas ocasiones durante sus preparativos.

Por fin llegó la hora esperada y la compañía comenzó a reunirse. Era una cálida tarde de verano. El oscuro lago reflejaba las nubes rosadas del oeste, y a través del arrebol avanzaban remando muchas barcas alegremente pintadas, con banderas de varios colores, hacia la maciza roca sobre la que se alzaba el castillo. Los árboles y las flores parecían ya dormidos, exhalando su dulce aliento de ensueño. Risas y voces bajas ascendían desde el pecho del lago hasta los oídos de los jóvenes y doncellas que se asomaban expectantes desde los ventanales elevados. Bajaron a la amplia plataforma en lo alto de la escalinata frente a la puerta para recibir a sus visitantes. Poco a poco comenzaron las festividades de la tarde. Las mismas sonrisas brotaban tanto en los ojos como en los labios, centelleando como haces

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