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nydus/Short FictionPublic
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Table of Contents

XV

El Héroe Cobarde

Pero no bien hubo alcanzado el sol el mediodía, cuando Fotogén comenzó a recordar la noche pasada a la sombra de la que se avecinaba, y a recordarla con vergüenza. ¡Se había mostrado a sí mismo —y no solo a sí mismo, sino también a una muchacha— como un cobarde! ¡Alguien audaz a la luz del día, mientras no había nada que temer, pero temblando como cualquier esclavo cuando llegaba la noche! ¡Había, tenía que haber algo injusto en ello! ¡Se había arrojado un conjuro sobre él! ¡Había comido, había bebido algo que no convenía al valor! ¡En cualquier caso, le había pillado desprevenido! ¿Cómo iba a saber cómo sería la puesta del sol? ¡No era de extrañar que el terror le hubiera cogido por sorpresa, dado que era lo que era —en su propia naturaleza tan terrible! ¡Además, uno no podía ver de dónde podía venir el peligro! ¡Podías ser hecho pedazos, raptado o tragado, sin siquiera ver dónde asestar un golpe! Se aferraba a cualquier excusa posible, ansioso como un ególatra por aligerar su propio desprecio. Aquel día asombró a los cazadores —los aterrorizó con sus osadías temerarias—, todo para demostrarse a sí mismo que no era un cobarde. Pero nada mitigaba su vergüenza. Una sola cosa albergaba esperanza: la determinación de enfrentarse a la oscuridad con solemne seriedad, ahora que sabía algo de lo que era. Era más noble afrontar un peligro reconocido que precipitarse con desdén hacia lo que parecía nada; más noble aún enfrentarse a un horror sin nombre. Podía vencer el miedo y borrar la deshonra al mismo tiempo. Para un tirador y espadachín como él, decía, uno con su fuerza y valor, solo existía el peligro. La derrota no existía. Ahora conocía la oscuridad, y cuando esta llegara la afrontaría tan intrépido y sereno como se sentía ahora mismo. Y de nuevo dijo: «¡Ya veremos!».

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