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nydus/Short FictionPublic
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El tío Cornelius Su historia

—«¿Médico! —repliqué—; no tengo ningún médico. ¿Qué quiere decir? Nunca he estado mejor en mi vida».

“—Quiero decir que no había ninguna anciana. Era una ilusión, y eso indica que algo va mal. Además, usted no me conocía cuando le hablé”.

“—Eso no es nada —repuse—; acababa de quitarme los anteojos, y sin ellos no reconocería ni a mi propio padre”.

“ —Y entonces, ¿cómo fue que vio a la anciana?—

“El asunto se estaba poniendo serio bajo el interrogatorio cruzado de mi amigo. No me hacía ninguna gracia la idea de que pudiera suponer que yo era propenso a las alucinaciones. Así que respondí, con una risa: «¡Ah!, claro, eso lo explica todo. Estoy tan ciego sin mis gafas, que no sabría distinguir a una anciana de un perro grande».

—«No había ningún perro grande —dijo Hetheridge, meneando la cabeza, mientras caía en la cuenta, por primera vez, de que, aunque yo había visto a la anciana con la suficiente claridad como para hacer un boceto de ella, incluso de los rasgos de su rostro consumido y ávido, no había sido capaz de reconocer el conocido semblante de James Hetheridge».

—«Eso es lo que pasa por leer hasta debilitar el nervio óptico —continuó—. Te causarás una lesión grave si no frenas a tiempo. Te diré algo: la próxima semana me voy a casa, ¿quieres venir conmigo?».

“—Es usted muy amable —respondí, sin rechazar del todo la propuesta, pues sentía que un pequeño cambio al campo me vendría bien y era dueño absoluto de mis actos. Pues, por desgracia, mis medios bastaban para cubrir mis necesidades y no tenía la obligación de ejercer ninguna profesión; algo nada deseable para un joven, se lo aseguro, maestro Harry.

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