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nydus/Short FictionPublic
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V. Lo que resultó de aquello

La contempló por un momento⁠—pálida, delgada y ajada—; y de ella brillaban los hermosos ojos, más grandes que antes, pero titubeando inciertos como las estrellas de una noche húmeda, a pesar de que miraban fijamente a los suyos.

Algo extraño le pasaba de repente en la garganta —algo que nunca antes había sentido—, una constricción tal que, de haber sido supersticioso, podría haber tomado por el prólogo de una soga.

Luego le vino el pensamiento: ¡qué bruto debía de ser para que su esposa hubiera tenido miedo de contarle su problema!

Acto seguido intentó hablar, pero su garganta no respondía a su voluntad. La manzana de Adán no paraba de subir y bajar en ella, y no le dejaba salir las palabras. ¡Nunca en su vida le habían servido así los miembros de su propio cuerpo! Era una rebelión en toda regla, y le iba a traer problemas con su mujer. ¡Ahí estaba! ¿Acaso no lo había dicho?

—¿No puede perdonarme, señor Dempster? —dijo, ¡y su voz era tan dulce y tan triste!— Es mi propio dinero. La tía Lucy ha muerto y me lo ha dejado. Creo que bastará para pagar todas mis deudas; y le prometo —se lo prometo de verdad— que de aquí en adelante anotaré hasta el último céntimo. Pruébeme una vez más, por el bien del niño.

Esto último fue un pensamiento repentino. Se volvió y corrió hacia el sofá.

Dempster se quedó en su sitio, luchando contra la extraña e incómoda sensación en su garganta. No cedía ni un ápice. ¿Iba a morir de repente ahogado? ¿Era un castigo divino? ¡Difteria, tal vez! ¡Andaba muy extendida por la City!

Ella había vuelto, y le tendía a su hijo dormido.

El pobre hombre no era ni la mitad de bruto de lo que aparentaba; ¡solo que no sabía qué hacer con ese maldito nudo en la garganta! No se

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