acostarse temprano, para poder levantarse temprano también y ser muy bueno y feliz todo el día de Navidad.
Y Ralph Rinkelmann se regocijó de ser un hombre, y no una Sombra.
Pero al desaparecer las Sombras dejaron la sensación de una canción en el cerebro del rey. Y las palabras de su canción debieron ser algo parecido a esto:—
“¡Sombra, Sombra, Sombra toda! ¡Nacimiento y exequias de sombra! Lunas de sombra brillan arriba; sobre tumbas de sombra hollamos. La esperanza-sombra vive, crece y muere. El amor-sombra de ojos de sombra hacia moradas de sombra seduce a palabras de sombra sobre piedra de sombra, cerrando el cuento de sombra con un lamento de sombra-sombra.
“Hombre-sombra, tú eres una penumbra arrojada sobre una tumba de sombra a través del aire de sombra sin fin, desde la sombra sentada allí, en un trono de sombra inmóvil, ensombreciendo a través de las eras idas; norte y sur, y de dentro afuera, este y oeste, y por doquier, arrojando Sombras por todas partes sobre el aire pintado de sombra. Hombre-sombra, no tienes historia; nada más que una gloria-sombra”.
Pero Ralph Rinkelmann se dijo a sí mismo:
“No son más que Sombras las que cantan así; pues una Sombra no puede ver sino Sombras. Un hombre ve a un hombre donde una Sombra solo ve a una Sombra.”
Y se consoló a sí mismo.