Ahora bien, lo que los hacía verdaderamente desgraciados era saber que, si tan solo lograban abstenerse de comer y adelgazaban, al gigante dejaría de gustarles y los echaría para que buscasen el camino a casa; pero, a pesar de esto, eran tan golosos que comían todo lo que podían tragar. La giganta, que los alimentaba, se consolaba pensando que no eran niños ni niñas de verdad, sino pequeños cerdos que fingían ser niños y
—Ahora dime la verdad —gritó el gigante, inclinando su rostro sobre ellos.
Temblaban de terror, y todos esperaban que fuera otro el que más le gustaba al gigante.
«¿Dónde está el pequeño que entró corriendo al salón hace un momento? Quien me diga una mentira será hervido al instante».
“Está en la escoba”, gritó un muchacho de cara de masa. “Está ahí dentro, y una niña pequeña con él”.
—¡Los niños malcriados —exclamó el gigante—, esconderse de mí! —Y dio una zancada hacia la escoba.
—Agárrate de las cerdas, Bobby. Métete bien en un mechón y agárrate fuerte —gritó Tricksey-Wee, justo a tiempo.
The giant caught up the broom, and seeing nothing under it, set it down again with a force that threw them both on the floor. He then made two strides to the boys, caught the dough-faced one by the neck, took the lid off a great pot that was boiling on the fire, popped him in as if he had been a trussed chicken, put the lid on again, and saying, “There, boys! See what comes of lying!” asked no more questions; for, as he always kept his word, he was afraid he might have to do the same to them all; and he did not like boiled boys. He like to eat them crisp, as radishes, whether