enemigo. Formando parte de una partida de reconocimiento, que precedía al cuerpo principal a considerable distancia, él y sus compañeros tropezaron de repente con uno de los puestos avanzados del enemigo, que ocupaba una roca alta y por un lado precipituosa, a poca distancia de la ciudad, a la cual dominaba. La retirada era imposible, pues ya habían sido descubiertos, y las balas caían entre ellos como las primeras de una granizada. La única posibilidad de escapar que les quedaba era una probabilidad casi desesperada. Consistía en tomar por la fuerza aquel puesto en la escarpada roca; lo cual, si lograban hacerlo antes de que llegaran refuerzos al enemigo, tal vez les permitiría resistir, valiéndose de sus defensas, hasta la llegada del ejército. Su situación fue comprendida al instante por todos; y, por un impulso repentino y simultáneo, se encontraron a mitad de la empinada cuesta y enzarzados en un combate cuerpo a cuerpo, sin ser conscientes de haber recibido ninguna orden al respecto por parte de su oficial. Pero su valor de nada sirvió; las ventajas del lugar eran demasiadas; y en pocos minutos todo el grupo fue pasado a cuchillo o quedó tendido e indefenso sobre la roca. Nuestro joven había caído entre los primeros, pues una bala de mosquete le había rozado el cráneo y lo había dejado sin sentido.
Pero la conciencia volvió lentamente, y al fin logró incorporarse y mirar a su alrededor. El lugar estaba desierto. Algunos de sus amigos, vivos pero gravemente heridos, yacían cerca de él. Los demás habían muerto. Al parecer, enterado de la proximidad de las fuerzas inglesas por aquel encuentro con parte de su guardia avanzada, y temiendo que la ciudad,