CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
EspañolEnglish
Página 660 de 837
Table of Contents

XVI

Una enfermera malvada

Watho estaba ella misma enferma, como he dicho, y de peor genio; y, además, es peculiaridad de las brujas que lo que en otras obra en favor de la simpatía, en ellas obra en contra.

Asimismo, a Watho le quedaba un bazo de conciencia pobre, indefenso y rudimentario, justo el suficiente para incomodarla y, por tanto, hacerla más malvada. Así que, cuando oyó que Photogen estaba enfermo, se enfadó. ¡Enfermo, en verdad! ¡después de todo lo que había hecho para saturarlo con la vida del sistema, con el poder solar en persona!

¡Era un miserable fracaso, el muchacho! Y como era su fracaso, estaba irritada con él, comenzó a disgustarle, llegó a odiarlo. Lo miraba como un pintor a un cuadro, o un poeta a un poema, que solo había conseguido arruinar sin remedio.

En los corazones de las brujas, el amor y el odio yacen muy cerca y a menudo se atropellan mutuamente. Y ya fuera porque su fracaso con Photogen frustraba también sus planes respecto a Nycteris, o porque su enfermedad la hacía aún más esposa del diablo, lo cierto es que Watho terminó por hartarse también de la muchacha y le repugnaba verla rondando por el castillo.

Sin embargo, no estaba demasiado enferma para ir a la habitación del pobre Fotogén y atormentarle. Le dijo que lo odiaba como a una serpiente, y siseó como tal al decirlo, con la nariz y la barbilla muy afiladas, y la frente plana. Fotogén pensó

660