CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 744 de 837
Table of Contents

XV

  • La primera era que el príncipe en persona era su maestro; * y la segunda, que podía caerse al lago tantas veces como le viniera en gana. Aun así, prefería que el príncipe saltara con ella; y el chapuzón que armaban antes no era nada comparado con el chapuzón que

El lago nunca volvió a hundirse. Con el tiempo, desgastó por completo el techo de la caverna y quedó con el doble de profundidad que antes.

La única venganza que la princesa tomó contra su tía fue pisarle con bastante fuerza el dedo gordo del pie, que tenía gotoso, la próxima vez que la vio.

Pero se arrepintió al día siguiente, cuando oyó decir que el agua había socavado la casa de aquella y que se había derrumbado por la noche, sepultándola entre sus ruinas; de donde nadie se atrevió jamás a desenterrar su cuerpo.

Allí yace hasta el día de hoy.

De modo que el príncipe y la princesa vivieron felices; y tuvieron coronas de oro, y ropas de tela, y zapatos de cuero, y hijos varones y niñas, de ninguno de los cuales se supo jamás, en la ocasión más crítica, que perdiera el más mínimo átomo de su debida proporción de gravedad.

744