esperando algo; como si la tranquilidad fuera el molde en el que iba a fraguar algún acontecimiento.
“Ya por entonces era yo lector de ciertas sabidurías recónditas. De repente recordé que aquella era la víspera de los Fieles Difuntos. Esta era la noche en que los muertos salían de sus tumbas para visitar sus antiguos hogares. > «¡Pobres muertos! —pensé para mis adentros—; ¿tenéis ahora algún lugar al que llamar hogar? Si lo tenéis, ¡seguro que no volveréis vagando aquí, donde todo lo que llamabais hogar se ha desvanecido o se ha entregado a otros, para ser el hogar de ellos ahora y el vuestro ya no! ¡Qué destino tan terrible os ha asignado la antigua fantasía! ¡Habitar vuestras tumbas todo el año, y salir arrastrándose, esta sola noche, para entrar por la puerta de la medianoche, dejada abierta a modo de