—Ciertamente que no. Haz tu propio trato con ella. Y ¿prometes no interferir entre mi hermano y yo, ni tomar ninguna represalia por lo que hemos hecho?
“Sí, sí, mis queridos niños; lo prometo todo. Por favor, daos prisa y devolvedme mi pobre corazón”.
“Espera ahí, pues, hasta que te lo traiga”.
“Sí, sí. Date prisa, pues me siento muy débil.”
Tricksey-Wee comenzó a desatar la boca del saco. Pero Buffy-Bob, que se había vuelto muy avispado en sus viajes, sacó su navaja con el pretexto de cortar el cordel; pero, en realidad, para estar preparado ante cualquier emergencia.
No bien hubo salido el corazón del saco, cuando se expandió hasta alcanzar el tamaño del de un buey; y el gigante, con un alarido de furia y venganza, se abalanzó sobre los dos niños, que se habían apartado a un lado del terrible corazón.
Pero Buffy-Bob fue más rápido que Tronantrueno. Saltó hacia el corazón y le hundió el cuchillo hasta la empuñadura. Una fuente de sangre brotó de este; y con un gemido espantoso, el gigante cayó muerto a los pies de la pequeña Mañosina, a quien, después de todo, no pudo menos que darle lástima.