Ahora una forma maravillosa, mitad aviforme mitad humana, flotaba a lo ancho sobre desplegadas alas de velamen. Pronto un exquisito grupo de sombras de niños retozones era seguido por la más encantadora forma femenina, y esta a su vez por la gran zancada de una silueta titánica, desapareciendo cada cual en la apretada multitud circundante de follaje umbrío. A veces un perfil de indescriptible belleza o grandeza aparecía por un instante y se desvanecía. A veces parecían amantes que pasaban del brazo, a veces padre e hijo, a veces hermanos en amorosa lid, a veces hermanas entrelazadas en la más graciosa comunión de forma compleja. A veces caballos salvajes cruzaban veloces a galope, libres o montados por nobles sombras de hombres dominantes. Pero algunas de las cosas que más les complacieron nunca supieron cómo describirlas.
Hacia la mitad de la llanura se sentaron a descansar en el corazón de un cúmulo de sombras.
Tras estar un rato sentados, cada uno, al levantar la vista, vio al otro en lágrimas: ambos añoraban el país de donde venían las sombras.
“Debemos encontrar el país de donde vienen las sombras”, dijo Mossy.
—Debemos hacerlo, querido Mossy —respondió Tangle—. ¿Y si tu llave dorada fuera la llave hacia él?
—¡Ah! eso sería magnífico —respondió Mossy—. Pero debemos descansar aquí un poco, y luego podremos cruzar la llanura antes de que anochezca.