pensado a menudo en la vida tan solitaria que llevaba el muchacho. Y le parecía duro quitarle cualquier placer que pudiera tener. Así que Colin salió corriendo hacia el frente, para ver cómo el arroyo tomaba el camino más corto, precipitándose colina abajo hacia su viejo cauce. Y verlo rodar colina abajo era un espectáculo por el que valía la pena vivir.
“Es una suerte que no tenga cuello —dijo Colin—, porque si lo tuviera, se lo rompería veinte veces por minuto. Se arroja de roca en roca directo hacia abajo, tal como me gustaría hacerlo a mí, si no fuera por mi cuello”.
Todo aquella tarde estuvo entrando y saliendo sin un momento de descanso; ora subiendo hasta el comienzo del desmonte, ora siguiendo el arroyo corriente abajo hasta la cabaña; luego atravesando la cabaña y saliendo de nuevo por la puerta principal para verlo cruzar el jardín de un dardo y precipitarse ladera abajo.