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nydus/Short FictionPublic
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El Guau de Rivven

imenso, y la ladera solitaria y desprovista de compañía, sin embargo, en algún lugar dentro de lo visible y más allá de la superficie exterior de la creación, podría haber un hogar para ella; como alrededor de la casa invernal las nieves se acumulan frías, blancas y lúgubres durante toda la primera mitad de la noche, mientras dentro, más allá de las contraventanas cerradas, y sin dejar escapar ningún destello a través del grueso muro de piedra, las hogueras arden alegremente, y se oyen las voces y las risas de niños pequeños que no se han congelado, y nada pertenece al invierno salvo las canas en las cabezas de los padres, dentro cuyos cálidos corazones se escuchan voces infantiles, y pensamientos infantiles van y vienen. El núcleo del propio invierno es la primavera, o un verano dormido.

No era de extrañar que el tonto, arrojado de la tierra en un paraje mucho más desolado que este, buscase regresar a su seno en este lugar de puertas abiertas, y lo llamara «hogar». Pues a buen seguro que la superficie de la tierra no tenía hogar para él. El túmulo al pie del gablete contenía el cuerpo de alguien que le había mostrado bondad. Había seguido el entierro aquella tarde desde el pueblo y se había quedado atrás con la campana. En verdad era su costumbre, aunque Elsie no lo supiera, seguir cada funeral que iba a este, su cementerio favorito de Ruthven; y, posiblemente en imitación de su resonancia, pues aún se tocaba a muerto en los funerales, le había dado a la vieja campana el nombre de «el zumbido», y había traducido su monótono tañido en los sonidos articulados: come hame, come hame [ven a casa, ven a casa]. Qué significado preciso atribuía a las palabras, es imposible decirlo; pero era evidente que el lugar poseía una extraña atracción para él, arrastrándolo hacia sí con los hilos de algún magnetismo espiritual. Es posible que en la mente del idiota hubiera algún sentimiento sobre este

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