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nydus/Short FictionPublic
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Puerto en la tormenta

satisfecha confianza. Pero a Effie se le saltaron las lágrimas. ¡Pobre chica, no tardó en tener desgracias! Pero no es su historia la que tengo que contar.⁠—Mi padre continuó:

“Tu madre era más bonita entonces de lo que es ahora, pero no tan hermosa; lo suficientemente hermosa, sin embargo, como para hacerme pensar que nunca había habido ni podría haber de nuevo algo tan hermosa. Me recibió con amabilidad, y yo la recibí con torpeza”.

—Me hiciste sentir que no pintaba nada allí —dijo mi madre, hablando por primera vez en el transcurso del relato.

—Mirad ahí, muchachas —dijo mi padre—. ¡Siempre tan seguras de vuestras primeras impresiones y de vuestro juicio instintivo! Yo estaba torpe porque, como os dije, me enamoré de vuestra madre en cuanto la vi; y ella pensó que yo la consideraba una intrusa en los dominios de la vieja familia.

“No seguiré el hilo de los días. Fui muy feliz, salvo cuando sentía con demasiada intensidad cuán indigno era de Kate Thornbury; no es que ella tuviera la intención de hacérmelo sentir, pues jamás fue sino amable; pero ella era de tal modo que no podía evitar sentirlo. Cobré valor, sin embargo, y antes de que pasaran tres días, comencé a contarle todos mis recuerdos del lugar que iban resurgiendo lentamente, con mis aventuras infantiles asociadas a tal o cual habitación, cobertizo o rincón de los terrenos; pues cuanto más tiempo pasaba en el lugar, más revivían mis viejos vínculos con él, hasta que me sorprendió bastante descubrir cuánta parte de mi historia en relación con Culverwood se había grabado a fondo en mi memoria. Ella nunca demostró, al menos, estar cansada de mis relatos; los cuales, por muy interesantes que fueran para mí, debieron de resultar fatigosos para cualquiera que no simpatizara con lo que yo sentía hacia mi viejo

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