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nydus/Short FictionPublic
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I

un moño. Meditaba más bien sobre lo que le faltaba para alcanzar la perfección que en regodearse con sus méritos: era una apasionada de los sombreros.

La pequeña Sophy⁠—o, como ella misma se llamaba mediante una transposición de sonidos consonantes común en los niños, Phosy⁠— encontró a su niñera Alice en la guardería.

Pero esta estaba ensomismada en las páginas de cierto semanario londinense, que la había atrapado en un estado de ánimo propicio a sus influencias, y ni siquiera levantó la vista cuando entró la niña.

Con cierto esfuerzo, Phosy se quitó los guantes y, con mayor dificultad, se desató el sombrero. Luego se quitó la chaqueta, se alisó el cabello y se retiró a un rincón.

Allí, una muñeca grande y gastada yacía sobre su sillita: la levantó, la acomodó suavemente sobre la cama, ocupó su lugar, cogió un librito del sitio donde lo había dejado, debajo de la silla, se alisó las faldas y comenzó simultáneamente a leer y a chuparse el dedo.

El libro era enfermizo, una copa colmada de una religión egoísta y menesterosa: tales obras siempre brotan como una erupción aquí y allá sobre el cuerpo de la Iglesia, cumpliendo su función, sin duda, al expulsar los malos humores generados por la anemia o la congestión de la autoprotección.

Es maravilloso de qué fruta corrompida algunos niños logran extraer dulzura.

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