Así adoran, y aman, y esperan.
Su esperanza y su expectativa crecen cada vez más fuertes y luminosas, de que un día, no muy lejano, el Padre se muestre entre ellos y, desde entonces, habite en Su propia casa para siempre.
Lo que en otro tiempo no era más que una vieja leyenda se ha convertido en el único deseo de sus corazones.
Y la esperanza más elevada es la más segura de cumplirse.