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nydus/Short FictionPublic
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Mucho más valiosas que las piedras preciosas

como una promesa de que no volvería a haber un diluvio capaz de destruir el mundo otra vez. Y por eso aún ahora los poetas llaman al arcoíris el arco de la esperanza.

Ni siquiera en estos días de dudas e incredulidad es motivo de asombro que, ante la armonía de colores fundidos y entremezclados, pero siempre individuales y jamás confusos, y a pesar de su conocimiento de la óptica, y de cómo la suprema unidad de la luz se segregaba en su acorde decretado, la fe imaginativa del poeta turbado obrara en él de tal modo que levantara la cabeza por un momento sobre las aguas de aquel otro diluvio que amenazaba con abrumar su microcosmos, y el arco le pareciera una nueva promesa, otorgada a él entonces e individualmente, de la fidelidad de un Poder invisible de quien le había asegurado alguien a quien no osaba dudar que Él contaba hasta los cabellos de su cabeza.

Una vez más su espíritu se alzó sobre la cresta de una esperanza que no podía justificar lógicamente ni se atrevía a rechazar; pues la esperanza es la

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