de la luz misma en su propia índole, la indefinición del globo y la suavidad de la luz, que le daban la sensación de que sus ojos podían adentrarse una y otra vez en su blancura, se asociaban de algún modo también con la idea de espacio y amplitud. Se quedaba sentada durante una hora entera contemplando fijamente la lámpara, y su corazón se henchía mientras la miraba. Se preguntaba qué la habría herido al descubrir su rostro mojado por las lágrimas, y luego se preguntaba cómo había podido ser herida sin saberlo. Jamás miraba así la lámpara excepto cuando estaba sola.
Table of Contents
VII. Cómo creció Nycteris
626