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nydus/Short FictionPublic
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Marido y Mujer

con su condición mental y moral, se habría esforzado por conformarse con que al menos ella no excedía su asignación; y, por encima de todo, habría evitado hacer de semejante asunto una carga para la conciencia de alguien educado, si no constituido, de un modo tan diferente al suyo. > Es justo añadir, por otra parte, que si ella lo hubiera amado conforme a algo parecido a un ideal conyugal —lo cual confieso que aún no le era posible—, no habrían pasado muchas semanas antes de que pudiera mostrarle un primer balance

Convencido, a fin de cuentas, de que con ella no iba a lograr exactitud, y conformándose con su descontento, una mañana arrojó lejos de sí el pequeño cuaderno de líneas y declaró, con una cólera que procuraba sofocar en una reprimenda digna pero desesperada, que no volvería a tomarse molestias con ella.

Ella rompió a llorar, recogió el cuaderno, salió de la habitación, lloró un poco, se propuso asombrarle el lunes siguiente, y no volvió a anotar un solo artículo.

Cuando este llegó, y hubo terminado el desayuno, él le dio el cheque de costumbre y salió inmediatamente hacia la ciudad. Y jamás se volvieron a mencionar las cuentas entre ellos.

Ahora bien, esto podría haber estado muy bien, o al menos no muy mal, si ambos lo hubieran hecho tolerablemente bien en lo sucesivo; es decir, si la una hubiera seguido prestando atención a sus gastos tan bien como antes, y el otro, cuando arrojó el libro de cuentas, hubiera borrado todo el asunto de su mente. Pero Dempster era uno de esos hombres peligrosos —más peligrosos, sin embargo, para sí mismos que para los demás— que nunca olvidan, es

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